Cuando voy por la calle dando un paseo hay dos cosas en las que suelo pararme, los escaparates y los contenedores. No me meto dentro del contenedor a rebuscar, no me faltan ganas, pero me sobra vergüenza. Pero cuando veo que algo sobresale de ellos o han dejado algún objeto atractivo a su lado... me lo llevo. Eso mismo me pasó con la protagonista de este post: la tabla de madera.